
Este fin de semana Vilafranca ha celebrado la fiesta de San Antonio. El fuego ha sido el protagonista de esta tradicional celebración, pero el agua también ha tenido su papel, ya que la climatología no acompañó a la fiesta. Aun así, vecinos, vecinas y visitantes no dudaron en salir a la calle para disfrutar igualmente de todos los actos que la mayoralía había preparado con toda la ilusión y el esfuerzo.
La tarde del viernes se plantó la barraca en una Vilafranca envuelta en niebla y humedad. Aun así, los mayorales, con la ayuda indispensable de vecinos y vecinas del pueblo, dejaron la estructura preparada para llenarla de malea al día siguiente. Así pues, el sábado a primera hora de la mañana se partió hacia el Mas de Colau para recogerla. La lluvia no dio tregua a los y las participantes y estuvo cayendo durante toda la mañana. Tanto fue así que, una vez cargada toda la malea en los animales y en los remolques, se bajó de inmediato al pueblo para comer en el parador, y no en la montaña, como es tradición.
Hacia la una del mediodía se llegó al pueblo y, bastante antes de lo habitual, se realizó el tradicional Alto a la malea, interpretado por Miquel Vicente y Adrián Llopis. Con ello, la mayoralía se puso a vestir la barraca. Posteriormente, se representó la vida de San Antonio y el sainete Fenómeno, que un año más llenaron la Casa de la Cultura. Al finalizar, los demonios subieron con cohetes hasta la plaza y comenzaron a prender fuego a la barraca. La hoguera costó más de lo habitual en encender debido a que la maleza estaba mojada; no obstante, finalmente prendió, elevó la temperatura de la plaza y se pudo vivir ese momento tan mágico de la fiesta de San Antonio.
El domingo, a diferencia de los dos días anteriores, el sol hizo acto de presencia y se pudo disfrutar de la ronda de San Antonio. El grupo de Rondalla y Baile de Vilafranca estuvo acompañado por los cantaores Lucía Claver y Jesús Gimeno, premios nacionales de jota 2025. Con las músicas más tradicionales cantaron y bailaron por las calles del pueblo. Finalmente, la subasta de la tarde cerró estas tres jornadas de fiesta y tradición.
Así, Vilafranca vivió lo que muchos vecinos y vecinas consideran el fin de semana más especial de todo el año. El agua no pudo con los vilafranquinos y vilafranquinas y, un año más, quedó claro el fervor de Vilafranca por sus raíces y por sus tradiciones más mágicas.
Fuente comunicación ayuntamiento de Vilafranca
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